Columna: PONER AL SER HUMANO AL CENTRO

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Por Paulo Egenau, director social nacional de Hogar de Cristo; Karina Gómez, gerente social y comercial de Fondo Esperanza y Sebastián Bowen, director ejecutivo de Techo Chile.

Después del estallido social del 18 de octubre y antes de la pandemia, Fondo Esperanza, Techo y Hogar de Cristo, junto a una decena de otras organizaciones de la sociedad civil que trabajamos en los territorios con personas en situación de pobreza y vulnerabilidad, organizamos los Círculos Territoriales, instancia de diálogo con una rigurosa metodología de participación y registro.

Hoy, existe un documento de 107 páginas, que recoge los sentimientos, las causas y la priorización de los problemas, así como los caminos de salida a la crisis que expresaron más de 25 mil personas. El 79 por ciento de ellas son jefas de hogar, socias de Fondo Esperanza. Mujeres que, a causa de la pandemia, probablemente cruzaron esa delgada línea que separa la vulnerabilidad de la pobreza. Aunque no fue intencionado, el texto hace visible una población que luego la pandemia visibilizó, mostrando al mundo la precariedad de los sistemas de subsistencia. Madres, muchas veces solas, que quedaron sin ingresos, sin escuelas ni jardines para poder dejar a sus hijos y salir a trabajar; que no tuvieron a nadie que comprara sus productos, sus comidas, sus costuras; que esperaron con hambre la distribución de las cajas de alimentos del gobierno o de quien fuera. Su frustración está contenida en ese documento, como la voz escrita de los que habitan Chile en pobreza y exclusión.

Aunque hay datos, tablas y porcentajes, lo más presente es la sensación de invisibilidad, de no ser consideradas, de recibir un trato indigno, de vivir en un permanente estado de alerta y precariedad. El tono emocional es el hastío y, pese a eso, en el ejercicio final, donde se pide caminos de salida a la crisis, no hay reivindicaciones vengativas ni violentas. Sobresale la esperanza y el genuino deseo de participar. De ser oídas/os y tomadas/os en cuenta.

Post 18 de octubre, ha habido varios otros y valiosos ejercicios de consulta ciudadana, con participaciones más masivas incluso, pero consideramos que éste, cuyos resultados presentamos ahora, es un insumo invaluable para el proceso de escribir una nueva Constitución, porque escucha a quienes deberían ser sujetos prioritarios de derechos. El diagnóstico y las propuestas de este informe ojalá se hagan parte sustantiva del debate para construir un modelo de protección social moderno, que erradique las visiones asistencialistas y ponga a la persona en el centro, reconociendo su capacidad y dignidad, disminuyendo las barreras que hoy marcan nuestra sociedad y promoviendo el ejercicio pleno de sus derechos.

Y después -o en medio todavía- de una pandemia inesperada, las respuestas mayoritarias de los Círculos Territoriales tienen mucho de profecía auto cumplida: el 80 por ciento a favor de una Nueva Constitución, la participación masiva en las comunas de menores ingresos en el plebiscito y el deseo patente de estar, de ser parte y tomados en cuenta en la construcción de una nueva realidad que los incluya como protagonistas.

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